Publicado el 07/05/2021

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Un día como hoy, hace 102 años, nacía Eva Duarte, una de las mujeres más importantes de la historia argentina. Como primera dama, esposa del presidente y líder político Juan Domingo Perón, Eva nunca estuvo en segundo plano, todo lo contrario. Para ese entonces las mujeres carecían de derechos políticos, por lo cual su acción en el gobierno despertó muchos odios. Pero más fuerte es el amor que despertó en el pueblo. Siempre junto a sus queridos descamisados y junto a las mujeres. En este artículo analizaremos su lucha y su acción política.

Para explicar mi vida de hoy, tuve que ir a buscar en mis primeros años, los primeros sentimientos. He hallado en mi corazón, un sentimiento fundamental que domina desde allí, mi espíritu y mi vida: es mi indignación frente a la injusticia

Eva nació el 7 de mayo de 1919 en la localidad de Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Su madre era Juana Ibarguren, de origen humilde. Su padre, Juan Duarte, era un estanciero y político conservador de Chivilcoy, que tenía una familia oficial y una familia paralela con Juana. Cuando Eva tenía ocho años, su padre muere y Juana queda sola a cargo de sus cinco hijxs. Sin dejarles ninguna herencia al ser considerados ilegítimos, la familia quedó completamente desprotegida. Estas circunstancias de su niñez marcaron profundamente a Eva, en una sociedad patriarcal muy injusta, que juzgaba a las mujeres y naturalizaba la ausencia paterna.

A sus 16 años Eva llegó a Buenos Aires con el sueño de ser actriz. Aquella enorme ciudad mostraba muchas injusticias, en esos momentos la migración del campo a la ciudad era muy frecuente y las mujeres eran las más vulnerables. Eva pasó hambre y vivió en pensiones baratas, pero siempre muy perseverante en conseguir lo que ella soñaba. Para los años 40, ya era actriz de cine y radioteatro reconocida, con una situación económica más estable. En 1943 fue una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), primer sindicato de trabajadores de la radio, del que además fue elegida presidenta.

El terremoto y el comienzo de su lucha política

El 22 de enero de 1944, en el estadio Luna Park, se realizó una campaña solidaria organizada por la Secretaría de Trabajo y Previsión, a cargo del general Juan Domingo Perón. Se convocó a grandes personalidades del espectáculo, para recaudar fondos y ayudar a los damnificados del terremoto que destruyó la provincia de San Juan. Esa noche Eva Duarte conoció a Perón y empezaron a compartir la vida. Luego comenzaría el terremoto político que cambiaría la vida de las y los argentinos.

Perón, que ya era un gran líder político, fue electo presidente de la nación en 1946. Muy distinta a las anteriores primeras damas, Eva tomó un rol muy activo en el gobierno al ocuparse de los más necesitados. Tras su famosa gira en Europa, quiso hacerse cargo de la Sociedad de Beneficencia creada en 1823, dirigida por un selecto grupo de mujeres de la clase alta porteña, que hacían caridad pero con dinero del Estado. Como estas señoras se opusieron, Eva decidió crear su propia fundación.

La Fundación Eva Perón brindó una verdadera asistencia social a mujeres, niñxs y ancianxs. El control absoluto de esta organización lo tenía Eva. Era muy fuerte su creencia de que el Estado debía hacerse cargo de brindar derechos y oportunidades a todas las personas, y no la limosna que promulgaba la iglesia, que perpetuaba la pobreza. Su acción se centraba en el concepto de justicia social.

Eva dedicaba mucho tiempo a leer la gran cantidad de cartas que le llegaban y a recibir personalmente a las personas que buscaban su ayuda. Si bien se trató de una estructura “paraestatal” para no atravesar los límites burocráticos, y gran parte del dinero de la Fundación provenía de donaciones que hacían trabajadores a través de los sindicatos, y de donaciones de empresarios, se utilizaban recursos del Estado y se articulaba con el ministerio de Salud, de Trabajo y de Hacienda. Funcionaba a través de “células mínimas” a cargo de asistentes sociales y de enfermeras, que se encargaban de hacer relevamientos territoriales en todo el país. Se ocupó de la construcción de centros de salud, viviendas, escuelas, asilos y hogares de tránsito; creó bolsas de trabajo y promovió eventos deportivos para jóvenes.

La Fundación fue clave para la vida de muchas mujeres. Su ícono fueron las máquinas de coser Singer, repartidas como una herramienta que les daba la posibilidad de tener una salida laboral. Muchas eran amas de casa sostén de sus familias, tal como lo había sido Juana, la madre de Eva. Por otro lado, en la ciudad de Buenos Aires, se crearon instituciones que estaban dirigidas por y para mujeres: Hogares de Tránsito, la Escuela de Enfermeras y el Hogar de la Empleada.

Tal como cuenta Julia Rosemberg en su libro “Eva y las mujeres: Historia de una irreverencia”, la incorporación de asistentes sociales mujeres fue uno de los rasgos más importantes en la profesionalización de la ayuda social:

Eran las que recibían a las mujeres, se interiorizaban de su situación, y eran las responsables de la resolución de sus problemas. En general, eran muy jóvenes e idealistas, y se identificaban con el accionar de Eva.

Tapa del libro "Eva y las Mujeres"

La autora cuenta que muchas mujeres llegaban a los hogares con problemas de anemia por mala alimentación, y se les preparaban comidas especiales con lentejas y espinaca. No se trataba de asistencia pasiva, sino que se vinculaban con cada mujer que llegaba a los hogares de la Fundación, y se buscaba resolver los problemas de fondo de su situación de pobreza. También detectaban situaciones de violencia familiar, y si había un marido golpeador era citado por las asistentes sociales.

En cuanto a la Escuela de Enfermeras creada en 1950, que se llamó “7 de mayo”, también fue pensado como una salida laboral; Julia Rosemberg destaca que se vinculó a la política mayor del ministerio de Salud, con Ramón Carrillo a la cabeza, que buscaba mejorar y profesionalizar las instituciones de salud pública, a la vez que acercarla a las masas.

Eva con enfermeras

Como consecuencia de estas políticas, el número de enfermeras aumentó muchísimo en esos años: entre 1946 y 1953 pasó de 8.000 a 18.000. Para el ministro Carrillo en cada uno de los hospitales del país debía haber, al menos, una enfermera cada cuatro camas.

Si bien se seguían reproduciendo estereotipos de género, en cuanto a que los hombres eran los médicos, mientras que las mujeres eran enfermeras; poder tener esta profesión significó una importante salida laboral para muchas mujeres que elegían estudiar y trabajar, en vez de ser madres, esposas y amas de casa.

La lucha por el voto femenino

Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país.

La lucha por el voto femenino no era algo nuevo. Desde comienzos del siglo XX, agrupaciones socialistas y feministas venían llevando a cabo esta lucha. El gobierno presentó a Evita como la principal impulsora de este derecho al lanzar el proyecto de ley, lo que generó un malestar en el movimiento feminista, principalmente de las socialistas. A pesar de las grandes críticas, por su puesto de quienes creían que no era un asunto de mujeres la responsabilidad de elegir a los representantes políticos, la iniciativa llegó al Congreso y para el año 1947 la ley 13.010 de sufragio femenino ya era una realidad, siendo incluida en la reforma de la Constitución de 1949.

Inmediatamente después, surgió la ardua tarea de empadronamiento de mujeres mayores de 18 años, ahora las mujeres también tenían el derecho a tener una libreta cívica para identificarse. En 1948 se creó el Renaper, Registro Nacional de Personas y comenzó el empadronamiento en todo el país.

Un partido político dirigido exclusivamente por y para mujeres

Con la nueva ley, además de votar, las mujeres también podían presentarse en cargos electivos, por lo tanto en 1949 Evita fundó y lideró un nuevo partido político, “El Partido Peronista Femenino”. Como dice Julia Rosemberg, no se trató de una rama del peronismo que dependía del Partido Peronista, como el Partido Socialista que tenía una rama femenina; sino que fue un partido en igualdad de condiciones que el de los hombres y con funciones muy específicas. En su discurso fundacional, Eva dijo:

Yo no quiero a la feminista de Inglaterra que fue contra los hombres; quiero a las feministas que apoyan y luchan con el hombre para aportar valores (…) yo quiero que vean en la señora del general Perón no a una feminista antigua, sino a una feminista moderna, que sabe lo que pesan los hombres y lo que pueden aportar las mujeres. No estamos en lucha de dominación de grupos. Estamos en lucha para dejar una patria más grande, más justa y más feliz que cuando la encontramos.

Podemos notar su mirada al feminismo inglés radicalizado, ella lo veía como un feminismo que era solo para mujeres letradas y de una clase social más acomodada. También vemos cómo seguía poniendo a las mujeres en rol estereotipado, ya que considera que los hombres pesan y las mujeres aportan; pero analizando todo el accionar de Eva podemos decir que ella pesaba igual que Perón.

Rosemberg cuenta que Eva misma eligió 24 delegadas, una por provincia, eran mujeres jóvenes, profesionales y con fuertes ideales. Debían recorrer su provincia, ver las necesidades que había en cada lugar y afiliar a más mujeres al Partido. Por lo cual se comunicaban continuamente con Eva. En algunas provincias las afiliaciones fueron masivas, mientras que en otras el rechazo machista que suponía que la política no era para las mujeres, era un obstáculo inmenso. Eva padecía esto en carne propia, el odio de los hombres más poderosos, machistas y misóginos, la calificaban de bastarda, puta, loca y trepadora. En la revista Mundo Peronista, tenía su propia sección y en una de sus publicaciones afirmó:

La gente de la oligarquía dice que es de mala educación hablar de política cuando se está en casa ajena. La mujer peronista no debe tener en cuenta los prejuicios de la oligarquía. Mala educación era vender la Patria como ellos la vendieron. La política no es para nosotras una mala palabra, porque también la política fue dignificada por Perón.

El Partido tuvo muchísimas afiliaciones en todo el país, con militantes identificadas exclusivamente con Eva. Estaba organizado a partir de unidades básicas femeninas que repartían folletos y daban charlas para asesorar a las mujeres sobre los pasos a seguir para obtener su libreta cívica. Muchas veces también eran centros de asistencia social, como lo hacía la Fundación. Se ofrecían cursos de formación de diversa índole, como alfabetización, corte y confección, idiomas o taquigrafía para el desarrollo laboral de las mujeres. También se daban capacitaciones políticas, donde se transmitía la doctrina peronista.

Movilización por el voto femenino

Las mujeres pudieron votar por primera vez en la Argentina en las elecciones presidenciales de 1951, cuyo resultado fue la victoria de Perón con el 62% de los votos. Puede considerarse una gran estrategia política del peronismo para conseguir más votos, de todos modos, no se puede negar la conquista de un derecho político tan importante, que dejó de ser un territorio únicamente masculino.

Antes de esas elecciones, la CGT, Partido Peronista Femenino y miles de trabajadores y trabajadoras, aclamaban que Evita sea la futura vicepresidenta, en una fórmula Perón-Perón. Claramente para los sectores más conservadores de las clases altas, las fuerzas armadas y los eclesiásticos, que estaban en contra de los derechos adquiridos, era inaceptable que una mujer ocupase ese cargo y presionaban constantemente en su contra. Evita renunció a esos honores, pero no a la lucha, para ese entonces ya estaba muy enferma de cáncer de útero.

La Razón de mi vida y Mi Mensaje

“La razón de mi vida” fue un libro de lectura obligatoria en las escuelas, tras la muerte de Eva en 1952. Quiso publicarlo como si fuese de su autoría, pero no fue escrito por Eva. Fue escrito por encargo del periodista español Manuel Penella de Silva. Eva lo leyó y aprobó, pero luego fue manipulado por otros hombres: Raúl Mendé, junto con el gobernador de Buenos Aires, Carlos Aloé y Raúl Apold, subsecretario de Prensa y Difusión. Estos hombres reproducían los mandatos de la sociedad patriarcal que impone a las mujeres el rol de esposas, madres y amas de casas, mientras que los hombres salían a trabajar.

Este manifiesto muestra a Eva como machista, pero sabiendo que no fue de su autoría, debemos leer “La Razón de mi vida” con otra mirada. Eva se muestra como líder del Partido Peronista Femenino, pero por causa de Perón y en un segundo plano siempre, fue el general quién le mostró los problemas de las mujeres. En cuanto al feminismo el manifiesto dice:

Todos los días millares de mujeres abandonan el campo femenino y empiezan a vivir como hombres. Trabajan casi como ellos. Prefieren, como ellos, la calle a la casa. No se resignan a ser madres ni esposas. Sustituyen al hombre en todas partes. ¿Eso es feminismo? Yo pienso que debe ser masculinicazión de nuestro sexo (…) Y sin embargo, para eso nacimos.

Martina Kaniuka en su libro “Eva sueña. El vuelo de los gorriones”, relata cómo el hijo del escritor español, que fue el primero en escribir La razón de mi vida, plantea que la manipulación del libro por parte de la maquinaria propagandística del peronismo, privaron a Eva de su proyección feminista. La autora afirma:

Si el colectivo feminista eran mujeres que querían ser hombres, o si las feministas que luchaban por sus derechos como los hombres eran solo extranjeras de corrientes socialistas o liberales, si las feministas eran únicamente mujeres feas, resentidas y viejas a las que no se parecía en nada; ¿por qué Eva tomó muchas de sus consignas y sus banderas de lucha y las materializó, para brindarle a la mujer argentina armas para salir de la casa a trabajar, a militar, a ser legisladora, a ocupar puestos y bancas en la Cámara y a elegir a sus representantes, convirtiendo a la Argentina en el país del mundo con mayor cantidad de mujeres representantes en el Congreso?

También podemos detectar otro tipo de mensaje que sí problematizaba sobre la necesidad de la autonomía económica. La razón de mi vida dice:

La madre de familia está al margen de todas las previsiones. Es el único trabajador del mundo que no conoce salario, ni garantía de respeto, ni límite de jornadas, ni domingo, ni vacaciones, ni descanso alguno, ni indemnización por despido, ni huelgas de ninguna clase.

“Mi Mensaje”, libro que sí escribió Eva mientras padecía el dolor del cáncer, comienza contando su necesidad de escribir porque “En La razón de mi vida no alcancé a decir todo lo que siento y lo que pienso… he dejado demasiadas entrelíneas”. Es notable que este manifiesto está escrito de otra forma. El intento de golpe de Estado en 1951 alimentó su rabia. Resalta su odio por los enemigos de Perón y por el Imperialismo; también su profundo amor por el pueblo:

Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los trabajadores de mi pueblo, y por extensión quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegiados de la tierra.

Evita visibilizó y accionó la conquista de los derechos políticos y económicos de las mujeres, y se enfrentó al odio de los hombres más poderosos y machistas de mediados del siglo XX. Evita es un símbolo de lucha y sigue siendo una inspiración para el movimiento feminista.

Evita saludando


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